Que miedo... se viene el final! Se intuye porque el blog está bajo en intensidad, lo sé. No es casualidad. Llega el tiempo de procesar, de analizar, de releer y comprender lo que viví en Japón. Hoy no tengo la posibilidad de ponerlo muy claramente en palabras. Quizás el título del post anterior, el final abierto que tiene la historia de vida de cada uno de nosotros, sea ya suficientemente descriptivo. Encontrarse nuevamente con la pregunta sobre nuestros deseos y lo que queremos en la vida, pero ahora sin respuestas tan tajantes, tan precisas o descubrir que otra forma de vida existe y tiene una cantidad de condimentos y variantes asombrosa que no habíamos considerado y que ahora es difícil -quizás imposible - poner a un costado y continuar como antes.
Lo que está claro es que todo eso no te pasa solamente a un nivel mental. Lo sentís, lo vivís de pleno cuando tu estómago reacciona frente a distintos eventos, cuando las lágrimas no las podés contener más, cuando necesitás algún medio (por qué no el blog?) para compartir todo esto y no sentir que cuando vuelvas nadie te va a entender, aunque a veces seguís pensando que es difícil entender, porque para uno mismo es difícil entender qué es lo que estás viviendo.
Empezamos ya a despedirnos de los afectos en Japón... Hace unos días tocó decirle adios a la profesora de japonés, que tan bien y tanto nos enseñó en tan poco tiempo, y tantas ganas nos dio de seguir estudiando. Son grandes docentes. Hoy al mediodía fue el turno de la familia que nos atendió como si fueramos los dueños de casa durantes dos meses en su diminuto restaurant familiar que es apenas más grande que el living y la cocina de mi casa. No podía creer cuando los veía llorar, a ellos, a los japoneses, sí!, porque nos ibamos. Historias cruzadas en la vida, que lo parió... Son muy reservados, no cuentan nada personal practicamente y sin embargo a las tres semanas de conocernos la hija que atiende nos contó que la madre tenía cáncer y que tenía que ir al hospital casi todos los días a tratarse. El padre en la cocina como toda la vida, seguramente. Y la madre manejando las mesas y el negocio, que ahora ausente, le daba la posta a la hija... En el medio de ese drama, recibir un regalo de la dueña del restaurante (gente que acá en Japón vive bien pero que obviamente no le sobra nada), recibir el cariño, la sensación de que nos van a extrañar, a esta banda de latinos perdidos en un mundo desconocido que parece no haber sido diseñado para tener contacto con los demás... uf, demasiado fuerte. Me siguen pasando cosas que todavía no comprendo... y van...
Antes de escribir esto, limpiaba este cuarto de 2,5 x 3 con placard incluido, en este edificio que podría pertenecer a la Rusia del 1925, que quizás con una telepantalla (momento: es la tele de plasma de 20 pulgadas que tengo acá y este despertador que lo debe haber usado el emperador Hirohito, les conté que se enchufa??!!!) podría ser perfectamente la descripción del cuarto de Winston, el personaje de 1984 de Orwell, desde el que intenta desafiar el regimen del Partido. Los primeros días me sentía un Winston... pensaba en cómo romper este sistema, esperaba la falla, la buscaba desesperadamente, necesitaba corroborar que había humanidad en el sistema y que esa humanidad tenía que ser la falla, el error, lo impensado, lo que no podemos calcular. La tele me hablaba en un idioma totalmente extraño, a tal punto que al mirar el único canal en inglés, la CNN, me aliviaba, entender algo, imaginense, CNN que asco! Como cambió todo eso... como de repente empecé a dar por sentado que todo andaba bien, que los horarios se cumplían, y a disfrutarlo, a tomarlo como una herramienta de laburo en la vida!
Limpiaba este cuarto y pensaba en lo chiquito que era cuando llegué...y lo grande que lo veo ahora. La cantidad de cosas que me llevo de este pequeño cuarto, la cantidad de ideas, de sensaciones que viví acá, con las que aturdí y saturé estas paredes del JICA Chubu Center, del JICA menos querido por todos los que vienen por JICA porque no responde a los estándares de los Hilton que son los otros centros, todas las vivencias apenas si entran materialmente en las valijas, pero todavía no consiguen entrar en mi mismo.
Tengo miedo de dejar de absorber algo, de perderme siquiera una de las infinitas unidades que me enseñaron acá, empezando por entender que si, que son infinitas: que jamás se termina de aprender nada. Y que en consecuencia, se debe vivir con esa premisa, que hay que seguir aprendiendo, hay que seguir apuntando a ser los mejores aún sabiendo que ese mejor no es la perfección, conviviendo con que emprendés un camino que nunca termina, al cual nunca llegás, pero sabiendo que definitivamente ese es el camino. Por qué si es tan simple, si no tiene ningun misterio oculto, si hasta parece lo lógico, lo que en realidad debería ser natural, por qué si es así esta gente logra incorporarlo en su vida y aplicarlo, y a mí me cuesta tanto? Por qúe nos cuesta tanto?
Japón puede tener mucha historia, tradición, pero es un país que practicamente no tiene mas recursos que el cerebro de sus habitantes. Es que acaso se necesita algo más???
Japón no inventó la gestión de la calidad dentro de la empresa, tan sólo es un país modelo en cuanto a como aplicar eso para alcanzar resultados! Japón no inventó la religión budista. Japón no desarrolló el primer automóvil. Japón es un archipiélago de islas rocosas en el medio del pacífico sometido a terremotos, tifones, y desastres naturales. Entonces: ¿pero es qué cómo hicieron estos pibes?
Ni dos meses ni una vida nos pueden dar una respuesta concreta... pero esbozo una: la hicieron de a poquito, día a día, paso a paso, con un rumbo, con una visión, con consenso, con trabajo y sacrificio. Y nosotros no estamos haciendo eso acaso? Por qué siento que eso no alcanza para explicar nada de nada? Evidentemente porque no alcanza... porque ni Fuji-san ni Kyoto pueden revelar cual es el elemento 7x del Planeta Japón.
Escribo y voy y vengo en mi cabeza y se pierden pensamientos porque mi mente aventaja al teclado. Y pienso que tengo que hacer algo. No sé que es. Pero tengo esa sensación de: "tengo que hacer algo". Esa necesidad de hacer, de concretar, de poner en movimiento. Hacer. Japón es escuchar y hacer. No es hablar y no hacer. No es hablar y no escuchar. Ni siquiera es sólo hablar. Es hacer. Y escuchar, a uno mismo y a los demás, para seguir haciendo. Y aprender.
Escasas horas por delante en esta isla de mi vida. Una isla que ya es mía. Para siempre.